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12 de mayo de 2014

¡Ayúdame a mirar!

Todavía me acuerdo el día en que Hernán me regaló "El libro de los abrazos". Fue un sábado del mes de julio, bajo un hermoso sol de invierno en Parque Rivadavia. Me devoré el libro en poco tiempo, dejando notas y marcas en varias de las historias. Una de ellas se mantiene vívida en mi memoria, y expresa perfectamente qué me pasa en este viaje: necesito ayuda para mirar.

Y se siente maravilloso.

9 de diciembre de 2012

Snorkeling en Uvita

Día 7 - Parque Nacional Marino Ballena

El Parque Nacional Marino Ballena se encuentra un poco al sur de Uvita, y se caracteriza por playas desiertas, vírgenes, y con mucha fauna marina. Ocasionalmente se pueden ver ballenas y delfines si se toma un tour en bote, el cual nos pareció caro (usd 65) por las 2 horitas que dura, y no es seguro que uno vaya a ver nada, así que fuimos en modo autoguía.
Llevamos sandwiches y bebida para el almuerzo, mucho protector solar, y la máscara y snorkel para sumergirnos en las inmediaciones de Punta Ballena, una formación de arena y rocas con forma de.... ¡cola de ballena! Cuando sube la marea desaparece la parte que conecta la punta con la playa, pero cuando baja se puede ir caminando.
Vista aérea de Punta Ballena
En la orilla hay cientos de cangrejos de muchos tamaños, y caracoles que se van moviendo muy despacio por la arena mojada.
Cuando termina la arena hay una pared de vegetación bastante densa, con palos de coco, almendros, palmeras, enredaderas, y no sé cuántas cosas más. En el límite de la playa andan los caricacos, o cangrejos ermitaños, llevando su casita de aquí para allá, y escondiéndose cuando uno se acerca. Los cangrejos también se esconden cuando uno se mueve, salen como locos para sus cuevitas, corriendo de costado, y después asoman los ojitos a ver si ya puedn salir, super divertidos son.
Surcos alrededor de las casitas de los cangrejos
¡Hola!

También encontramos varios erizos planos de mar:
Entre los árboles Hernán vió un par de guacamayos rojos en la copa de.los almendros, comiendo y acicalándose. Resulta que eran cuatro; después supimos que suelen explorar nuevas zonas en búsqueda de comida, que viven siempre en pareja, y que incluso pueden morir de tristeza cuando el otro muere. Por las ramas altas andaban también las ardillas, muy ocupadas y, cuando no, apuradas, llevando ramitas con hojas y comiendo almendras.
Y donde hay muchos peces, hay muchas aves comiendo en la orilla y en el agua, como los pelícanos que se lanzan en picada al agua, y alrededor les revolotean las gaviotas esperando ligar algo.

Vista hacia la costa desde Punta Ballena (con la marea baja, obvio)
Cuando bajó la marea caminamos hasta la punta Ballena, y en turnos nos sumergimos para buscar pececillos. No tenemos fotos de lo que vimos, pero estuvo muy bueno, hay peces de muchos colores,  formas y diseños, a pocos centímetros de la superficie.
Ave buscadora de comida
Mamífero bípedo conocido como Aquaman
El sol pegó fuerte hoy: soy un palito de la selva (aunque no tan grave como en arrebatos pasados, por suerte).

16 de mayo de 2012

Costiera Amalfitana

Este post está dedicado al arbolito electrónico que nos ayudó desde Argentina a obtener divisa extranjera, gracias a lo cual pude extraer efectivo aquí, y poder hacer todas las cosas que Mastercard no puede pagar. ¡MUCHAS GRACIAS!


Día 18

Teníamos pensado ir a la isla de Ischia, pero cuando llegamos a la stazione maritima los horarios que seguían no nos quedaban cómodos. Deberíamos haber averiguado un poco ayer. Entonces, nos tomamos el tren Circumvesuviano hacia Sorrento. Estos trenes salen de Napoli hacia ciudades de los alrededores, rodeando el Vesuvio. Las estaciones y vagones están cubiertos de graffitis, algo que no vi en otras ciudades. En la mitad del trayecto se subió una banda de chicos tocando "fa l'americano" con saxo, acordeón (¿o bandoneón?), timbal, y por supuesto, pandereta. Por unos instantes lo vi a Medusa bailando, ahí, en el medio del vagón.

Sorrento es una ciudad muy prolijita, limpia, y con vistas muy bonitas al mar y a la bahía de Napoli.



Almorzamos en un ristorante. Hernán una especialidad de la zona, gnocchi alla sorrentina, y yo variedad de pescados y frutti di mare fritos. Lejos, uno de mis mejores almuerzos, ¡y las rabas estaban increíbles!.

Con la panza bien llena, tomamos el bus a Amalfi, para recorrer la famosa Costiera Amalfitana. No hubo chance de dormirse, no sólo por lo lindo del paisaje, sino por el estilo de conducción alocado que requiere la zona. El camino costero es sinuoso, y angosto, y el colectivo no pedía el paso: lo demandaba. Decenas de veces otros autos que pretendían pasar hicieron marcha atrás (y también los que venían por detrás). En uno de los pasos complicados, gente que estaba en la veredita giraba los manubrios de las scooters estacionadas para que el colectivo pueda pasar. Y el chofer, un personaje, gritandole a otro conductor por la ventana "Vai! Vai! Diritto!! Vai!!!" cuando este vacilaba entre avanzar por un túnel o retroceder. Pero ninguna descripción alcanza, hay que verlo para creerlo, y para reirse como nos reimos nosotros.

La Costiera Amalfitana es muy bella, es impresionante cómo han aprovechado cada espacio de tierra para hacer casas, jardines, huertas, hotelcitos, terrazas, piletas, plantaciones de limones, y hasta una canchita de fútbol. Y todo sobre peñascos con vista al Golfo de Salerno.

En Amalfi estuvimos sólo un rato, algo más de una hora, por que si nos quedabamos más no teníamos más horarios de tren a Napoli. Compramos una meriendita per portare via y nos sentamos en una especie de escollera a ver el atardecer. Me quedé con ganas de más; es uno de los lugares que marqué para volver la próxima vuelta.


Encontramos un deporte extraño como el de Hernán: basquekayak, o kayakbasquet, o qué-basquet-en-kayak. Juegan en kayaks, en una zona de la costa al reparo del oleaje, y el objetivo es que la pelota entre en una especie de mini-arco que está elevado. Además de tirarse los kayaks encima, darse con los remos, etc.

El camino de regreso estuvo más tranquilo, ya no había tanto tráfico. La hora era ideal para ver cómo va cambiando la luz del sol mientras baja, y con ella los colores de los peñascos y de las casitas, todas de colores blanco y pastel.

La cena fue en una trattoria cerquita de la stazione centrale, cottoletta alla milanese con patatine fritte per me, y spaghetti alla carbonara para Hernancito. Todo regado de birra Moretti. Rica rica.

El destino para mañana miércoles es aún incierto. La almohada dirá.