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5 de diciembre de 2012

Fuego fuego

Día 2 - Santa Teresa

Por la noche, en casa de Romi, cocinamos un jurel que Carlos pescó en la orilla, tirando la línea con sus propias manos.
Lo adobamos con un condimento a base de sal marina y diversas mostazas, acompañado de papitas con cáscara fritas. Como entrada calentamos una pasta de frijoles que ya viene preparada, de picantor medio, y en ella sumergimos una especie de nachos. Fue una panzada de gordos junto al mar, regada de fernet con coca en una recor. ¿Somos o no somos cordobeses, ah?



Y para cerrar la jornada, un clásico de la noche en la costa: la fogata en la playa. Llevamos música, fernet en la recor (que yo me encargué de patear mientras juntaba troncos... menos mal que quedaba menos de la mitad), y lonitas. Al rato de arrancar con la fogata se acercó un chico con dos amigas, preguntando si podían sumarse a la ronda, de modo que ya éramos un grupete más grande. Tras intercambiar algunas palabras, cada uno se quedó absorto en el fuego, en el ruido del mar, y en el cielo. El cielo en esta zona es una cosa de locos, repleto de estrellas, muy nítido, y con muchas estrellas fugaces. Estuvimos horas ahí tirados, escuchando reggae, mirando el cielo, descansando, dormitando, charlando, pensando, con el rugir del mar de fondo. Bellísimo.


3 de diciembre de 2012

Camino a la Península de Nicoya



Apenas llegados a la terminal de San Carlos, charlamos un rato largo con el hombre de la oficina de turismo. La onda relajada de los Ticos se empieza a sentir. Nos entretuvimos bastante las 3 horas que faltaban hasta que saliera nuestro bus, con la cantidad de brochures que nos facilitó el de turismo. 


Tras almorzar un casado (típico plato Tico) en la terminal de San Carlos, tomamos el bus que nos llevó de San José a Mal País. Por suerte no somos muy altos, porque habia poco espacio para acomodar nuestras piernas; preguntenle si no al flaco-pinta-de-europeo que nos clavó las rodillas en los riñones todo el viaje....

Una vez en la ruta, todo se va volviendo más y más verde, hay plantas por donde se mire, de tamaños y hojas enormes. La humedad se siente desde que salimos del aeropuerto, pero a medida que avanzamos se puede hasta tocar. Un primer tramo del bus es por la Interamericana, hasta llegar a Puntarenas, donde nos subimos a un ferry que cruza el Estrecho de Nicoya y nos deja en Paquera.





Vimos el atardecer desde el ferry, y a medida que llegaba la noche, también llegaba la fiesta al barco. Cuando fui al bar a buscar una Imperial, me encontré con una chica haciendo karaoke de un tema de Marcela Morelo, mientras los bartenders agitaban con palmas. Al ratito nomás, sonaba “La ventanita del amor” y los gringos intentaban hacer unos pasitos de salsa-merengue-bachata-quisio.


Abajo del ferry, arriba del bus nuevamente. A esta altura eran alredededor de las 19, y estábamos podridos de tener las posaderas aplastadas contra un asiento. Llevábamos unas 17 horas en tránsito, no veíamos la hora de poder poner los pies en la playa.

Finalmente llegamos a Mal País, el bus nos dejó a 200 metros de la playa, podíamos escuchar el rugido de las olas, y había “olor a mar” en el aire. Nos arrastramos hasta Ritmo Tropical, el hotel donde nos alojaríamos, y donde trabaja nuestra amiga Romina. Apenas entramos nos vimos e hicimos una corrida en cámara lenta al mejor estilo reencuentro de película. ¡Qué lindo poder abrazar a un amigo que uno extraña! La Pura Vida junto al Pacífico acababa de comenzar.

5 de junio de 2012

Cosas que me pasan en invierno


Bueno, en verano también.... siempre tuve una gran debilidad por la comida. Como dijo Arguiñano, es uno de los mayores placeres de la vida que pueden hacerse con los pantalones puestos.

Pero cuando cambia la estación, se viene el cambio de ropa. Guardamos las musculosas y los shorts, y sacamos a la luz remeras manga larga baqueteadas y pantalones de corderoy que no nos entran. No, por más que lo intente y me esfuerce, NO ME ENTRAN. Tendré que dejar de amarrocar comida como la ardilla, porque si tengo que reemplazar la ropa que no me entra por prendas nuevas, me fundo.