Todavía me acuerdo el día en que Hernán me regaló "El libro de los abrazos". Fue un sábado del mes de julio, bajo un hermoso sol de invierno en Parque Rivadavia. Me devoré el libro en poco tiempo, dejando notas y marcas en varias de las historias. Una de ellas se mantiene vívida en mi memoria, y expresa perfectamente qué me pasa en este viaje: necesito ayuda para mirar.
Hoy tuve uno de esos encuentros callejeros memorables. Iba en la metro, camino a la universidad, leyendo apuntes en el Kindle. A mi derecha, una señora de unos 70 años, con un carrito de esos para hacer las compras. Y a su derecha, un chico que miraba fotos en su celular, todo encorvado y con el celu casi pegado a la cara.
Siento que vibra mi teléfono, y cuando lo saco ella me mira, con un gadget en cada mano, y dice: "¡Ustedes hacen tantas cosas al mismo tiempo! Miralo a él (señalando a su derecha) está atrapado por el teléfono... ¡Y vos sos igual!"
No pude menos que reirme. Tenía razón la romana. Me contó que su nieto más chico está por cumplir 18 años, y que está todo el día absorto con il telefonino, sin darse cuenta qué pasa a su alrededor. Que cuando ella nació en San Giovanni, acá en Roma, el mundo era distinto, aunque igual peligroso. Que los consejos de su madre siguen siendo válidos, aún después de tantos años. Que ella era muy inocente cuando era joven, pero que en cambio yo parecía sabia a pesar de mi edad. Me tomó la mano, y señaló el centro con su dedo índice, presionando fuerte. "Este es el mundo" dijo, y luego me cerró la mano con firmeza. "Debes ser una guerrera, y el mundo será tuyo".
Cuando nos despedimos, Maria me dio dos besos, y al sentir mi perfume me dijo que olía como una rosa. Obviamente salí sonriendo del vagón, mientras nos deseábamos buona giornata al unísono.
Durga, la invencible, también conocida como diosa de la guerra
Salir de la estación central y que el viento con lluvia te sacuda la cara. Poner medio pie sin querer en la bicisenda y que un malón de ciclistas te ordenen a campanillazos que te hagas a un lado. Tratar de interpretar el mapa mientras un tram te acaricia el codo al entrar en la estación. Más viento, helado, te vuela el mapa. Amsterdam no es una ciudad para turistas desprevenidos, definitivamente no.
El esquema de calles y canales que se expanden radialmente desde Centraal Station hace que ubicarse sea bastante simple. Los nombres de las calles son impronunciables para esta argentina, y al principio parecen ser casi todos iguales, pero poco a poco se van dejando decir.
Amsterdam es una ciudad muy limpia, ordenada, con gente amable (excepto algunos ciclistas con sed de sangre de peatón...) y muy bellos canales. El transporte público es puntual, las frecuencias nocturnas son bastante precisas, mucho mejores que en Roma debo decir. Pero es bastante caro. Un ticket nocturno cuesta 5 euros (¡CINCO!!) si se compra arriba del bus. Digamos que en general todo cuesta un poco más que en Roma, que es mi único parámtero europeo a la fecha.
La famosa Zona Roja puede ser divertida y grotesca a la vez, con momentos en los cuales tanto hombre lujurioso (y usualmente bastante borracho) cansa y molesta un poco. Me dijeron que muchas de las chicas en exposición son verdaderas trampas para turistas, los cuales tras pagar la tarifa base de 50 euros se encuentra con muchas condiciones y barreras que seguro figuran en una letra escrita no sé dónde. ¿Y el sexo? Quedó en el imaginario del deseoso turista, atrapado con los ratones dentro de su cabeza. La recomendación: ir a La Haya, o buscar vidrieras lejos de la Zona Roja.
Los sex-shops abundan, desde localuchos bastante tristes, hasta grandes locales bien iluminados y con personal amoroso y dispuesto a asistir al comprador en su elección de juguetes, ropa, consumibles, aditivos, etc.
En lo que respecta al circuito menos mundano, Amsterdam está llena de museos. Ante tanta oferta, elegí el Stedelijk Museum; el museo es enorme, y tiene una colección increíble de arte contemporáneo y moderno. Requiere un par de horas para recorrerlo completo. El local que tienen a la entrada tiene objetos y libros hermosos; sorprendentemente no compré nada.
Frente al museo se encuentra el Museumplein, un amplio parque para descansar tras tantos kilómetros caminados. Quise entrar al museo de Van Gogh, pero la cola para comprar el ticket era TAN larga que me desalentó un poco. Aún así, intenté comprar el mismo en otra boletería en el centro del parque, pero cierran temprano, así que.... I'm sorry Vincent, nos veremos en otro viaje.
Me parece oportuno interrumpir el relato para volver a decirles que es IMPRESIONANTE la cantidad de bicicletas que circulan en esta ciudad. ¡Me vuelvo loca!!
El snack por excelencia en Amsterdam son las papas fritas, en un cono de papel encerado, con un buen copo de mayonesa holandesa encima. Los broodje son una opción muy salidora para el almuerzo; son sandwichitos con una diversidad excepcional de ingredientes, en una variedad de panes que volverían completamente loca a mi amiga @la_juyis.
La noche de sábado consistió en un intenso recorrido por las distintas opciones nocturnas de Amsterdam guiada por Shashank, mi host de couchsurfing. El alocado itinerario arrancó en un coffeeshop para fumar porro y comprar un "space muffin" para la vuelta, siguiendo con unas cervecitas en un pub con un grupo de soft rock en vivo. Luego descendimos a un sótano con unos punk revoleando las cabelleras en el escenario, rodeados de una muchedumbre de viejos y viejas rockeras, cubiertos de tatuajes y con camperas de cuero, y un olor a chivo húmedo que volteaba. La próxima parada fue en una especie de discoteca donde los bartenders repartían tragos, shots y sonrisas, y bailaban diversas mini coreografías al ritmo de la canción de turno. Las minitas estadounidenses bailaban alocadamente y gritando ante estos buenmozos de ojos claros que les soplaban besos desde atrás de la barra. Por supuesto, volaban las propinas. Esta gente sí que sabe hacer su trabajo.
La verdad que esta ciudad tiene tantísimo para ofrecer. Y es tan loca y divertida. Vale la pena venir al menos una vez en la vida. Estos dos días me parece que fueron poco, pero super intensos. ¡Voy a tener que volver!
Hoy tomé prestada la bici de JP y juntas nos subimos a un tren con dirección Den Haag, destino a Delft. Para llevar la bici en el tren hay que comprar un ticket aparte; por suerte toda la gente a la cual recurrí por ayuda hasta ahora resultó muy amable y educada, y casi todos hablan Inglés.
Cuando pasamos por Rotterdam pude ver lo que ya varios me comentaron: que la ciudad fue destruida (bombed-flat dice la guía) por los bombardeos alemanes durante la Segunda Guerra, y su recontrucción se hizo utilizando un estilo moderno. Los rascacielos emergen por toda la ciudad. Tengo que venir a visitarla.
Unos chicos que viajaban en la zona de bicis del tren me dijeron que traje buen tiempo conmigo, porque no llueve y brilla un sol espectacular.
Desde la estación de trenes de Delft no fue difícil encontrar el camino hacia el centro, sólo tuve que dejarme llevar por la marea de gente en bici que atravesaba un parking atestado (de bicis, obviamente) y se deslizaba en dirección al centruum
Da la casualidad que hoy es jueves, día de Markt en la plaza central, entre la New Church y el City Town. En la oficina de info turísitica conseguí una guía para recorrer Delft a pie por euros 3,75, con detalles de los distintos puntos importantes, ya sea históricos o vinculados a obras arquitectónicas (la ciudad es bastante clásica, pero tiene algunos sectores con estilo moderno, aunque no de edificios altos). En el mercado me aprovisioné de una super galleta de chocolate y una tartita de manzana para el camino, y empecé a caminar. Pero a los pocos metros me arrepentí y volví a buscar la bici; las calles son óptimas para recorrerlas en bici, mapita en mano.
Delft es muy bonita, no deja de sorprenderme la cantidad de gente en bici por las calles, es sinceramente impactante, sobre todo viniendo de lugares donde no es tan común. Niños, jóvenes, adultos, viejitos. Todos. A los bebés los llevan en la bici desde que se sostienen sentaditos, con apenas meses de edad. Obviamente que hasta los perros viajan en bici, en canastitos adelante.
Almorce una bandejita de shrimps fritos en el mercado, con un espresso y un mini chocolate de postre. Tanto viento y bici me cansaron un poco, así que me senté al sol en el jardín del convento de Saint Agatha. Acaba se sumarse una parejita mayor, así que estamos los tres como lagartos disfrutando el calorcito, mientras ellos hablan un inentendible (para mí) holandés.
El mismísimo 31 de Diciembre nos tomamos un tren desde Lecce hacia Caserta, en las afueras de Napoli. Allí vive Marina, una italiana que trabajó con nosotros por varios meses en el proyecto SAOCOM. Nos esperaba en la estación de tren con el auto, y la mamma. Fuimos a dejar los bolsos a su casa, donde su madre gentilmente nos había preparado su propio cuarto para que durmamos.
Salimos a dar una vuelta por Napoli, donde la víspera de año nuevo colma ciertas calles de la ciudad de puestos (sin habilitación) donde venden pirotecnia. Esta zona es famosa por la cantidad de bombas y fuegos artificiales que tiran en esta fecha, y más tarde lo comprobaríamos con nuestros propios ojos y oídos.
El "cenone" de año nuevo es un desfile sin fin de comida, como el de Navidad. Se come y se come, se bebe, se come más, hasta reventar, hasta que cuesta meter aire en los pulmones. Casi llegada la medianoche subimos a la terraza, donde el hermano de Marina había preparado un array de 15 cajas, y de cañas voladoras (no confundir con cañitas, estos eran tipo torpedos) amarradas a la baranda de la terraza. Locura total. A medianoche largó el estallido, que debe haber durado una media hora; en el horizonte se veía una línea de fogonazos constante, ni les cuento el ruido.
(eso en el piso son las cajas ya explotadas...)
Una vez terminado el bombardeo, volvimos a la casa para comer un poco de zampone ripieno di lenticchie, que al parecer es propicio para la buena suerte del año que comienza. Me negué, pero ellos insistieron y bueno, todo sea por un buen 2014.....
Acto seguido se arranca con la tombola. Acá si que se desconocen, ya no existen vínculos familiares o de amistad, se deja todo en la mesa para poder ganar el fondo. La mamá de Marina estaba tan compenetrada que de a ratos se olvidaba que nosotros éramos extranjeros, y hablaba sólo en napoletano; yo que hablo italiano no entendía nada, imagínense Hernán.... Es 100% real que ciertos dialectos son muy diferentes del italiano standard, y que es probable que una persona de otra región no entienda nada del dialecto. Les dejo un link donde explica un poco sobre los dialectos en Italia, y una imagen con la distribución geográfica.
Al día siguiente pasamos a buscar al novio de Marina por Nola, y nos hicimos un bello recorrido por la Costiera Amalfitana, que en esta época estaba bastante tranquila de tráfico (cuando vinimos con Hernán en Mayo de 2012 no fue tan tranquilo).
En Minori, sobre la costiera, nos comimos una delizia al limone que era una locura, al parecer uno de las mejores cosas de Sal di Riso. No importaba que anoche nos hubiéramos atorado de comida, SIEMPRE hay lugar para una delizia al limone.
Tras los festejos de Navidad, alquilamos un auto con Hernán y emprendimos el mini tour por el sur de Italia, primero por la región de Basilicata y luego por Puglia.
Castelmezzano se encuentra en la ladera de una montaña, a unos 750 msnm. Es un pueblo pequeño, muy tranquilo, con la mayoría de sus calles no transitables por autos, y con múltiples escaleras que conectan las calles de distintos niveles, una suerte de atajos (bastante empinados).
Castelmezzano al atardecer
Los dueños de Al Balcone delle Dolomiti (reservado vía Booking) fueron extremadamente hospitalarios con nosotros; nos esperaban con café y masas caseras, nos invitaron a su casa a tomar algo fresco a la tardecita, y hasta nos ofrecieron unos sandwichitos al día siguiente para comer en la ruta. Por supuesto, también nos recomendaron que visitemos el pesebre viviente del pueblo, que curiosamente era "il più bello d'Italia".
A la noche cenamos en Il becco della Civetta, gracias a las recomendaciones de nuestras guías. Teníamos el restaurante para nosotros solos, y la verdad fue una de las mejores cenas del tour. El mozo, muy atento, nos ayudó a elegir el vino apropiado para nuestros platos, y nos explicó con detalles cada uno de ellos.
Al día siguiente, en la plaza central del pueblo, estaba el fruttivendolo ambulante, así que compramos un poco de fruta para el camino. Delante nuestro la gente compraba la fruta de a kilos, y cuando al llegar nuestro turno pedimos 6 mandarinas, nos miró con perplejidad y dijo: SOLO SEI?? Acto seguido nos regaló las mismas diciendo "van por cuenta mía".
"Solo sei?!?"
Tomamos la ruta hacia la autopista, y a los pocos kilómetros volvimos a trepar la montaña, esta vez para visitar Pietrapertosa. Ambas ciudades están unidas por un camino de montaña más corto, pero debido a las lluvias hubo muchos derrumbes, y el camino estaba cerrado por el momento.
Pietrapertosa, según wikipedia, es un "pueblo enteramente asentado sobre la roca, aprovechando todos los recovecos y formaciones. Urbanísticamente está atravesado por una única calle principal que culmina a los pies del antiguo castillo saraceno, de época romana.".
Ruinas saracenas, embebidas en la roca de la montaña
Compramos un poco de pizza para el almuerzo, y el chico nos regaló un par de masitas rellenas para "il dolce". ¡Estoy maravillada por la gentileza de la gente en estos lugares!
Bajamos a la autopista nuevamente, esta vez dirección a Matera. Nos costó bastante encontrar el alojamiento, pero tras varias volteretas llegamos. La casa era grande, amplia y luminosa, ¡con un jardín lleno de gatos! Esa noche recorrimos un poco la ciudad, y nos encontramos con Alessandro, un compañero de trabajo de Emanuele que nos mostraría un poco la ciudad. En realidad él no es de Matera, pero su novia Clementina sí. En la plaza central había muchísima gente haciendo cola. Adivinen para qué.... ¡para ver el pesebre viviente "più bello d'Italia"!! Este pesebre estaba recreado en los "sassi", así que la parte más pintoresca de los mismos estaba cerrada durante la noche a aquellos que no pagaban el ticket de ingreso. De cualquier manera recorrimos un poco con los chicos, y luego cenamos solos en una trattoria adentro de un sasso.
Matera nocturna
Al día siguiente nos encontramos nuevamente con los chicos para hacer un recorrido a la luz del día. Y luego almorzamos una pizza increíble en Oi Mari, pizza Vesuvio, y como era enorme nos llevamos lo que sobró para comer en el camino (terminamos comiéndola un par de días más tarde, ¡aún estaba buenísima!). Fuimos con el auto hasta el belvedere, para ver a Matera desde el otro lado del río.
Matera, desde el belvedere
Y ya que estábamos, pasamos por la Estación Terrena de Matera. Un cholulaje laboral que digamos.....
Tomamos nuevamente la ruta, camino a Alberobello. En la tierra de los "trulli" nos alojamos en el Hotel Airone, que resultó tener una relación calidad-precio muy buena.
Aquí también reinaba la locura del pesebre viviente, que era, OBVIAMENTE, "il più bello d'Italia". Gente haciendo metros y metros de cola para comprar el ticket. De nuevo, tal como nos pasó en Matera, la zona más linda (y menos comercial) de los trulli estaba cerrada dado que habían montado allí el fucking pesebre. De modo que tuvimos que contentarnos esa noche con recorrer la zona más comercial de trulli, que aún así tiene su encanto (aunque las vidrieras estén colmadas de productos, muchos de ellos demasiado "plásticos" para mi gusto).
Cara 'e trullo
Viaje al pasado: La vida en un trullo
Pero quizás ustedes se pregunten, ¿qué corno son estos trulli? La historia de estos edificios tan particulares está ligada a un edicto que exigía un tributo por cada nuevo asentamiento. Los condes exigieron que se edificaran las casas a la piedra seca, sin utilizar mortero. Debiendo por lo tanto utilizar sólo piedras, los campesinos encontraron en la forma redonda con techo de cúpula autoportante, compuesto por círculos de piedra superpuestos, la configuración más simple y sólida. Los techos de abovedados de los trullos son embellecidos con pináculos decorativos, cuya forma está inspirada en elementos simbólicos, místicos y religiosos.
La mañana del lunes pudimos recorrer el barrio de trulli más tradicional, y nos metimos en el Museo del Territorio a ver qué había de interesante dentro. ¿A que no saben qué había? ¡PESEBRES!! Decenas de pesebres hechos por gente de la ciudad, expuestos para que la gente pueda votar y así elegir los mejores. Debo reconocer que algunos eran bastante artísticos, otros con mecanismos que le daban vida al pesebre, y otros eran directamente espantosos.
Me tocó manejar de Alberobello a Lecce, pasando por Locorotondo. ¡Qué stress! Estos italianos manejan de una manera bastante "agresiva", se te meten por todos lados, te encierran, un horror. No estoy acostumbrada a este estilo de manejo.
Una vez llegados a Lecce, nos recibió un empleado NADA CORDIAL en el hotel Barocco Palace. De entrada nos quiso cobrar un poco más, y era de modales bastante toscos. La habitación era super amplia, teníamos baño para nosotros solos, y la ubicación era insuperable: a metros de la estación de tren, y a un par de cuadras de la calle prioncipal de Lecce. Golazo. Pero la peor parte sería a la mañana, casi nos morimos de tristeza con el café que preparó el amigo recepcionista. Era la cosa menos parecida a café que he probado en mi vida, tristísimo.
La ciudad es muy bella, las calles no son ni de asfalto ni de adoquines, son de piedras blancas, lo cual le da una atmósfera bastante particular. El barrocco de Lecce es muy particular, con varias iglesias y edificios recargados de esculturas, en algunos casos bastante fantasiosas.
Santa Croce
Por supuesto, no podía faltar la muestra de pesebres....
Loco por los (mini) pesebres
El martes 31 al mediodía nos montamos en un tren a Caserta, dispuestos a recibir el año nuevo con Marina y su familia. ¡Se viene otra panzada de comida!